El naranjo bañaba el océano.
El oleaje sonaba tal cual como lo dejé en stand by cuando decidí morir.
Han pasado ya años desde aquello, desde mi muerte.
Y es que ...fue como cerrar los ojos en realidad. Cerrar los ojos hacia mis propios miedos, cerrar los ojos ante mis falencias. Quebrar los espejos que me pudieran delatar ante mi mismo.
Podía engañar a todos, menos a mi.
La marea mojaba mis pies mientras sonreía. Un mar lleno de botellas con recuerdos de gente que como yo temía de sus propios colores.
Levanté la cabeza sin ninguna finalidad y cerré los ojos.
Algo me lo hizo presentir, pero ya estaba listo. Había que despertar: en verdad nunca morí, sino que solo fingí dormir para no molestar a nadie.
Lloré como hace tiempo no lo hacía: sanándome. Una vez mas, grité, grité tan fuerte que quize dejar sordo a las gaviotas, a los peces y a la misma tarde. Pero no a mi, ya nunca mas.
Nunca mas solo, nunca mas.
Segundos, segundos, menos de un segundo.
De repente me vi rodeado de todos ustedes, aplaudiendo.
Sonrisas. Abrazos. Lágrimas.
Lo siento a todos por la espera,... pero ya estoy de vuelta en casa otra vez.
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